Santiago Lorenzo

Editorial: Balckie Books   Año: 2018

Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene menos necesita.

Un thriller estático, una versión de Robinsón Crusoe ambientada en la España vacía, una redefinición del concepto “austeridad”. Una historia que nos hace plantearnos si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma.

Santiago Lorenzo ha escrito su novela más rabiosamente política, lírica y hermosa 

“No se equivocaba. El pueblo era un vestigio desasistido y sin un alma, uno más de los cientos y cientos de ellos que hoy permanecen abandonados en España. Seis calles y seis callejones con forman el villorrio. No daré su nombre verdadero, como quiso siempre Manuel. Lo llamaré por ejemplo Zarzahuriel, figuradamente, según denominación inventada y arbitraria. Aún faltaba mucho para que yo lo visitara” 

“Seguía dando paseos sin tasa, nunca por senda humana, hasta que a las suelas de las botas les dolía el dibujo. Caminatas que unas veces le rentaban algo (leña, piñones, humus de abono para las calabazas) y otras no le valían más que para admirarse del nulo remordimiento que podía llegar a concitar el desperdicio del tiempo” 

“llevaban encima las marcas de su raigambre, las señas físicas del secular hispano que tres o cuatro generaciones atrás se desplazó  a la capital a buscarse buenamente la vida. Los vástagos de hoy, renegados y apóstatas, llegaban ejerciendo de urbanos supuestamente sofisticados. Les saltaban al aspecto los siglos de azada, forraje, moscas y grasas animales. Y sin embargo hacían chistes sobre los tufos del campo, alardeaban de su conocimiento del callejero capitalino (…) se reían de todo lo que veían en Zarzahuriel, con los aires colonizadores de los metropolitanos imperiales”