DONDE VIVEN LOS CARACOLES,  De campesinos, paisajes y pueblos

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Emilio  Barco

Editorial: Pepitas de calabaza     Año: 2019

Los escritos de Emilio Barco son consecuencia de su forma de vida y de su actividad. Al leerlos uno puede encontrar desde una conversación con su amigo Lucio, el pastor, hasta una reflexión sobre el futuro delo mudo rural y el papel de los campesinos en la historia, y de camino entretenerse en algunos consejos para saber cuando está madura una sandía o un melón, y atender a un análisis económico que relaciona la producción de alimentos en el mundo con el precio del barril de petróleo, por ejemplo. Y durante el camino, uno siente como moscas enervantes todo lo que tiene que ver con las ayudas de la Política Agraria Común (PAC).

Donde viven los caracoles, contiene además, un lúcido análisis de nuestro pasado reciente, de nuestro presente, y acaba desvelándose como un ejemplo de la resistencia de las gentes que habitan y trabajan la tierra, allí donde aún no está abandonada. 

“Apenas se produce un cambio en el entorno del campesino, ya sea en las nubes o en las plumas de la cola del gallo, sin que él se de cuenta de ello y lo interprete en términos de futuro”

 “Desde hace unas décadas y con carácter general cada vez es menor el trabajo que llevan incorporado las cosas que compramos –incluso ya, aunque en menor media, en los productos de la artesanía tradicional-, lo que hace que las teorías económicas sobre el valor y el precio basadas en el trabajo empleado en la elaboración de un producto cada vez resulten menos útiles para explicar su precio” 

“Que la tierra sea para uno su puesto de trabajo le imprime más carácter que el sagrado sacramento de la confirmación. El agricultor toma las decisiones en un contexto permanente de incertidumbre que se mueve entre un mercado que no controla y una climatología absolutamente incontrolable” 

“Que el paisaje agrario ha cambiado es evidente. De aquel paisaje campesino de los siglos anteriores solo quedan las ruinas: muros de piedra caídos en pendientes aterrazadas, cabañas sin techo, huertas abandonadas, cañadas labradas…El paisaje de la agricultura industrial moderna es mucho más aséptico: plástico de invernaderos y sacos de compost de champiñón, alambres y postes acerados en los emparrados, naves de engorde de tetones o broilers, chalets en las huertas…”