EL MUS DEL CABO CIPRIANO y otros relatos de la Alcarria

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Ramón Cabrera Naveiras

Editorial: Opera Prima   Año: 1999

La crueldad del régimen, la miseria, el hambre y las persecuciones que asolan a la España de la posguerra, llegan hasta Gárgoles de Abajo, un pueblo de la Alcarria. En esa atmósfera atosigante hay un soplo de humanidad que viene desde dentro del régimen con Cipriano, cabo de la Benemérita. Con este personaje, un sabio tierno e ignorante al mismo tiempo, nos adentramos en los caminos alcarreños por Cifuentes, Trillo, Sotoca, Gualda, Masegoso…Siguiendo sus pasos conoceremos los avatares de unas existencias que se cruzan, se persiguen, se salvan o se condenan y nos topamos con la traición, la ingenuidad, la vida y la muerte: ladrones hambrientos, gitanos honrados, alcaldes déspotas o conformistas, sacristanes pillos, presos políticos, asesinos por equivocación o necesidad, sacerdotes de los de antes y también un joven escritor que, como la acertada prosa de Ramón Cabrera Naveiras, asimismo se detiene en Gárgoles de Abajo. Es Camilo José Cela y está escribiendo su primer Viaje a la Alcarria, ese “hermoso país al que a la gente no le da la gana ir”.

“Para el cabo Cipriano confesarse era una debilidad impropia de un guardia civil, una prueba evidente de que había cometido una falta, un desliz, algún acto reprobable merecedor de contrición y castigo. Para el cabo Cipriano confesarse era poner en entredicho la honra y la moral del Cuerpo al que servía” 

“-la guerra terminó, pero no para nosotros –se lamentó en voz alta, -Para nosotros sigue y seguirá hasta que nos coman los gusanos.

-José

Se arrepintió de no haber sabido guardar sus pensamientos, de arriesgarse a turbar la paz que necesitaba su mujer en aquel difícil trance” 

“Al abrigo de estas reflexiones el cabo le aclaró:

-Tiene que ver lo mismo que tu picha con tus hu8evos. Una cosa sin la otra no sirve una mierda. ¡Andando, pues!

Ya en Trillo, el teniente observó a Dionisio de arriba abajo.

-Eres un maricón con suerte –le soltó a la primera de cambio, –y te juro por Dios que, o cumples, o te reviento el vientre de un balazo” 

“¡Que cantes nombres, cabrón!, me repetían y yo, por contentarles, incluso el de mi tatarabuelo les cité de carrerilla, y de nuevo los tíos emperrados en darme de comer lo que se caga”