EL RIO DEL OLVIDO

Biblioteca

Julio Llamazares

Editorial: Seix Barral (Biblioteca Breve)   Año: 1990 

El río del olvido relata el viaje a pie del autor, en el verano de 1981, a lo largo de todo el curso del río Curueño, el “solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa”, en palabras del propio Llamazares, quien volvió así a los parajes en que habían transcurrido todos los veranos de su infancia. Las apuntaciones de aquel viaje han servido hoy para la redacción de un libro que “no es, pues sólo, la memoria del paisaje –los paisajes- del Curueño, sino también la memoria del  camino. Memoria de un paisaje que el viajero volvió a ver con la sospecha de haber regresado a un río y a un mundo desconocidos y memoria de un camino que el viajero recorrió con la convicción cada vez más asentada de que los caminos más desconocidos son los que más cerca tenemos del corazón” El río del olvido, obra conmovedora y de contenida belleza en su profunda veracidad, representa la culminación de la prosa narrativa de Julio Llamazares”

“-¿Qué? ¿Tomando el fresco? –la saluda el viajero al llegar junto a ella.

-Un poco –dice tía Lina riéndose.

Tía Lina es seguramente la más vieja del pueblo. Tía Lina es vieja y soltera y, como no tiene televisión ni radio, se acuesta con las gallinas y se levanta con los gallos. Pero, como hoy hace buen tiempo, se ha quedado a la puerta después de la cena, contemplando el paisaje y tomando el fresco.

-¿Y cómo no va hasta la plaza, que habrá más gente? –le sugiere el viajero

-¿Para qué, si luego tengo que volver? –se ríe tía Lina, enseñando otra vez su único diente”

“Aquí, en este único y mágico jardín surgido del derribo de las cuadras, en este huerto oscuro y solitario en el que los recuerdos familiares se confunden con las sombras de los árboles y en el que, cuando se fue, el viajero dejó enterrada su memoria para volver un día, lo mismo que su padre, cuando, cansado de andar por los caminos, quiera dejar su errante oficio y sentarse en un rincón a recordarlos”

“Cerulleda, que es el penúltimo, es también el más pequeño (…) del Curueño, y de los más olvidados, pero tiene en su haber, a cambio, dos bellos puentes romanos –uno al inicio del pueblo y el otro donde se acaba –y el honor de haber sido el escenario de algunas de las novelas de Jesús Fernández Santos”