LA LLUVIA AMARILLA

Biblioteca

Julio Llamazares

Editorial: Seix Barral, Biblioteca Breve.   Año: 1988

La lluvia amarilla es el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del pirineo aragonés. Entre la “lluvia amarilla” de las hojas del otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve, la voz del narrador, a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes desaparecidos del pueblo, que lo abandonaron o murieron, y nos enfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de su percepción en el villorrio fantasma del que se ha enseñoreado la soledad.

En esta etapa final de una supervivencia desolada, La lluvia amarilla, confirma en Llamazares el léxico vivo, preciso y genuino, la autenticidad artística y las dotes de creación de un clima poético y un universo personal que acreditan en él a uno de nuestros más valiosos narradores. 

“Aún se detendrán, quizá, confundidos un instante, ante la casa de Bescós, detrás de las ruinas de la iglesia. Pero la podredumbre del tejado y el borbotón de hiedra que borra sus ventanas y sus puertas les llevarán muy pronto la certeza de que allí no vive nadie desde hace mucho tiempo”

“Llamé a la perra y salí con la linterna. Afuera, un viento hosco batía los tejados y se enredaba con violencia entre las ramas de los árboles. El cielo estaba oscuro, hinchado por el peso de la noche, pero un fulgor intenso envolvía en torno a mí la calle y todo el pueblo. Pisé la nieve y apenas se quebró bajo mis botas” 

“El tejado y la luna. La ventana y el viento. ¿Qué quedará de todo ello cuando yo me haya muerto? Y, si yo ya estoy muerto, cuando los hombres de Berbusa al fin me encuentren y me cierren los ojos para siempre, ¿en qué mirada seguirán viviendo? 

Quién me lo iba a decir. Aquella pobre perra sin nombre ni camada, aquel cachorro ciego que se salvó de ser ahogado simplemente por azar –fue el último en nacer -sería, con el tiempo, el único ser vivo que me acompañaría hasta el final”