LOS SANTOS INOCENTES

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 Miguel Delibes

Editorial: Seix Barral, Literatura Contemporánea.   Año: 1984

Los santos inocentes es una de esas novelas que, a pesar de su corta paginación, deja una huella profunda en el lector. Aúna en su lectura un abanico de posibilidades que pasa por la poesía, el realismo y la tragedia.

Miguel Delibes traza un dibujo perfecto de cómo era la vida en el mundo rural de los años sesenta. La acción transcurre en un cortijo, con dos realidades frente a frente. Por una parte los señoritos, con todas las prebendas y privilegios que “les correspondían”; por otra los sirvientes, sometidos a los caprichos y hasta crueldades de los anteriores. Estos, sumisos, analfabetos, abnegados a su miseria, a las veleidades de su existencia carente de todo aliciente.

Delibes plasma con crudeza este ambiente de contrastes, el lenguaje crudo y violento, los personajes con perfiles muy definidos: Paco “el bajo”, Régula, Azarías, Charito, la Niña Chica y cómo no, la milana bonita,  sobrevolando muchas de las escenas. Gentes inocentes, rudas, ignorantes, entregadas y humilladas, subsisten a los designios de un poder atávico. 

“La milana está enferma, señorito, te tiene calentura,

Le informó,

Y el señorito,

¡qué le vamos a hacer, Azarías! Está vieja ya,

Habrá que buscar un pollo nuevo,

Y el Azarías desolado,

Pero es la milana señorito,

Y el señorito, los ojos adormilados,

¿y dime tú, que lo mismo da un pájaro que otro?” 

“…toma, duérmetela, ella es la única que te comprende,

Y el Azarías recogía amorosamente a la Niña Chica y, sentado en el poyo de la puerta, la arrullaba y la decía a cada paso, con voz brumosa, ablandada por la falta de dientes,

milana bonita, milana, bonita…” 

“…ni el perro más fino te haría el servicio de este hombre, Iván, fíjate lo que te digo, que no sabes lo que tienes, le decían,

y, con frecuencia, los amigos del señorito Iván requerían a Paco, el Bajo, para cobrar algún pájaro perdiz, alicorto…”