LOS ÚLTIMOS, Voces de la Laponia española

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Paco Cerdá

Editorial. Pepitas de calabaza    Año: 2017

“Vine a Motos porque me dijeron que acá vivía un solo habitante, un tal Matías López. Vine a buscar la zona cero de la despoblación, el punto justo donde el tumor de la soledad se transmuta en metástasis extrema de la desolación. Vine un domingo a mediodía buscando a un pastor soltero llamado Matías. Pero no hallé más que silencio y soledad…”

Así comienza este viaje de 2.500 kilómetros por la España despoblada, la llamada Laponia del sur o Serranía Celtibérica: un territorio montañoso y frío con 1.355 pueblos que se extiende por las provincias de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló. En su interior viven menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado. No hay un lugar tan extremo y vacío en toda Europa.

Este periplo invernal por una Nada demográfica da voz a los últimos pobladores de un mundo en extinción. Paco Cerdá ha escrito la crónica de los otros, los que se quedaron descolgados de un país urbanizado a gran velocidad que ha olvidado su origen rural. 

“-Es el silencio. Un silencio existencial, casi filosófico. Es una manera única de conectar con el silencio. Hay personas que rondaban la treintena y que no habían oído nunca el silencio hasta que llegaron aquí. Lo mismo pasa con el cielo, que en las ciudades nos lo han robado y que descubres con todo su esplendor” 

“ La hemorragia no hace más que avanzar. Primero fue por la emigración; ahora es porque se mueren los últimos habitantes que quedaron en cada rincón” 

“han convertido un conflicto político como es el aislamiento y las desigualdades en un atractivo tópico impregnado de bucolismo. Se asocia a un paraíso al que, paradójicamente, nadie quiere ir a vivir. Responde a la idea del buen salvaje: una sana anomalía. Y no somos ni una anomalía ni menos aún sana” 

“-Cerrar una escuela es tristísimo. Apilar las sillas, amontonas las mesas, agrupar el material sobrante, dejarlo todo en un sitio que se irá llenando de polvo. Donde antes olía a lapicero, tiza y niño, ahora es un lugar frío que huele a polvo y oscuridad”